LAS LECCIONES DE ESTILO DE JACKIE KENNEDY QUE CADA VERANO COPIA
THE ICONSNinguna mujer del siglo XX perteneció tanto al mar como Jacqueline. Y pocas entendieron tan pronto que la verdadera elegancia junto al mar es la que no lo intenta.
Hay una fotografía de Jacqueline en el verano de 1962, saliendo del agua en la Costa Amalfitana, el pelo mojado, el bañador más simple que quepa imaginar. Ni una joya, ni un gesto para la cámara. Y, sin embargo, quedó. Jackie entendió, más pronto que casi todo el mundo, una verdad que sigue siendo rara: junto al mar, gana siempre la mujer que parece no estar intentándolo.
El verano de Ravello. En agosto de 1962, Jacqueline pasó el verano en Ravello, asomada sobre el Golfo de Salerno, lejos de Washington y del peso de ser quien era. Nadaba en las ensenadas de la Costa Amalfitana, bailaba de noche en una de las villas del pueblo, dejaba correr a su hija por los jardines. Ese fue el verano que dio nombre al bañador Ravello, con el color de la mañana sobre aquel mar. Hay lugares que una mujer elige. Y hay lugares que pasan a ser suyos para siempre.

El estilo que inventó el mar. El uniforme de verano de Jackie cabía en una maleta pequeña: un bañador de líneas limpias, unos pantalones que tomaron el nombre de la isla de Capri y que ella ayudó a convertir en un clásico, un pañuelo de seda atado al pelo, y las gafas de sol enormes que pasaron a llamarse por ella. Nada complicado. El mar le enseña eso a quien lo escucha: que el exceso no sobrevive al agua y a la sal, y que la elegancia verdadera es siempre una forma de sustracción. No es casualidad que el bikini Jackie hable exactamente esa lengua: negro, de textura discreta, la copa estructurada y la cintura subida de un clásico que nunca pasa de moda. Es el bikini que Jackie usaría hoy, tan limpio y atemporal como el maillot que llevaba entonces, y que queda aún mejor con unas gafas cat-eye y un pañuelo en el pelo.
La pieza que la resume, incluso lejos de la playa. No todo lo que capta el espíritu de Jackie nació junto al mar. El Lisbon Top, que no pertenece a esta colección, parece aun así diseñado a su imagen: un top de lino blanco, de escote en V y botones de nácar, que se echa por encima del bañador al salir del agua, con un pañuelo atado al pelo y las gafas todavía sin quitar. Es la Jackie de ciudad, la que vuelve de la playa sin perder nada de su presencia. Porque su esencia nunca estuvo en el lugar. Estaba en la manera de estar, y esa se lleva a todas partes.



Las perlas siempre son apropiadas. "Las perlas siempre son apropiadas", habría dicho ella, y las convirtió en una firma. Había algo perfecto en el encuentro entre el brillo discreto de una cuenta y la piel cálida de sol. Esa es la misma lógica de las piezas de cuentas de esta colección, del collar Perline, hecho cuenta a cuenta en la tradición artesanal del Mediterráneo, al Fontelina, ese hilo de conchas blancas nacido de un club de playa de Capri. Nunca gritan. Solo terminan la frase.


La privacidad como el último lujo. Más tarde, ya con Onassis, fue en el Mediterráneo y en el Egeo donde Jackie encontró lo que siempre había buscado: el mar como el único lugar donde nadie la alcanzaba. A bordo del Christina O, en las islas frente a la costa, en las ensenadas donde los fotógrafos no entraban, se vestía para sí misma y para nadie más. Se negaba a ser espectáculo. Quería vivir su vida, no registrarla. Esa es la presencia que la marca admira: la de la mujer que no necesita que la noten para saber exactamente quién es.
El mar fue, para Jackie, mucho más que un escenario. Fue el lugar donde por fin podía ser solo una mujer nadando. Quizá esa sea la última lección de su estilo, la que ninguna tendencia va a entender: que el verano más elegante no es aquel en que nos ven. Es aquel en que, por una vez, dejamos de necesitarlo.Sofia Godinho
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